LEV
La casa huele a pan recién horneado, un aroma cálido que se cuela bajo la puerta del despacho como una mentira bien contada.
Nunca imaginé mi vida así, con migas en la mesa y una mujer en la cocina, como si tuviera un hogar, una familia.
Estoy encerrado aquí, con un vaso de whisky en la mano, el hielo derritiéndose lento, mientras trato de entender qué carajo estoy haciendo. O no entenderlo, sino acostumbrarme a verlo. No había que entenderlo, con vivirlo ya era suficiente.
Nikita Petrova,