—¿Jayden? ¿De verdad eres tú? —preguntó Elena en un hilo de voz. Sentía miedo y una profunda preocupación de que alguien pudiera escucharla pronunciar el nombre de su esposo.
—Sí, mi amor. Soy yo. —A Jayden le dolió llamarla así; se sentía indigno después de todo lo que le había hecho.
—¡Oh, Dios mío, Jayden! —Un sollozo ahogado escapó del otro lado de la línea. Aquello era algo que Jayden no se esperaba.
—¡Oye! ¿Por qué lloras? No llores, preciosa —le pidió Jayden con tono preocupado y reconfo