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Estuvieron en esa agonizante situación durante bastante tiempo mientras buscaban el vehículo de Elena, el cual no aparecía por ningún lado. Cuando el cansancio comenzó a hacer mella, Elena no tuvo más remedio que sentarse a recuperar el aliento un momento, reclinando el cuerpo de Aria contra el tronco de un árbol.

—¡Maldita sea! ¿En dónde demonios escondieron mi auto? —exclamó Elena con frustración.

*¿Y ahora qué?*

No. Elena no podía entrar en pánico; eso solo empeoraría las cosas. Volvió a ins
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