—Ugh... —se quejó Elena en un débil gemido al recobrar el conocimiento. Le dolía tanto la parte posterior de la cabeza que no pudo evitar hacer una mueca mientras se la llevaba con la mano. Elena pudo sentir un prominente chichón. Aún soportando el punzante dolor y el mareo, se incorporó y miró a su alrededor. El lugar era bastante oscuro, sofocante y polvoriento. Solo había una bombilla de luz amarilla encendida, y no estaba muy cerca de ella.
Elena dedujo que se encontraba dentro del edificio