ELIZABETH WINTER
— Nací lista. ¿Qué estás esperando, Hampton?
Ese fue el desafío final.
Sus caderas se movieron. Yo estaba lista, empapada y abierta para él, pero la primera penetración aun así fue un choque delicioso. Contuve la respiración. Alex no fue despacio, ni me probó. Simplemente se enterró en mí.
Fue un solo movimiento. Una estocada larga, profunda y definitiva que me robó el aliento.
Grité. No fue un gemido. Fue un grito corto y agudo, una mezcla de dolor y placer tan intensa que mi