ELIZABETH WINTER
Abrí la laptop y di clic en el enlace de la videollamada. De inmediato, cuatro rostros asiáticos muy serios y muy estresados aparecieron en mi pantalla.
— Señorita Winter. Gracias por unirse a nosotros con tan poco tiempo de anticipación.
— Señor Chau. Estoy en San Francisco y tengo algo importante que hacer. Tienen exactamente treinta minutos para decirme por qué nuestra principal ruta de distribución se detuvo y para que encontremos una solución. Empiecen.
Chau empezó a tarta