MARKUS BLACKWOOD
La puerta de mi oficina tembló con los golpes violentos.
Estaba sentado detrás de mi escritorio, la única pieza de mobiliario que había conservado del antiguo ocupante. El resto de los trastos decorativos ya los había mandado a quemar o donar por el conserje. Me gustaban los espacios limpios y funcionales.
Me había tomado una ducha rápida en la suite adjunta a la oficina y me había cambiado la camisa manchada de sangre por una gris.
— Pase.
La puerta se abrió con violencia.
Pau