LEAH HAMPTON
Despertar fue un proceso doloroso.
Mis ojos se abrieron, pero mi cuerpo se rehusó a cooperar de inmediato. Estaba torcida en el sofá, con un brazo colgando hacia afuera y el cuello en un ángulo que seguramente me costaría caro en los próximos días. El reloj digital en la pantalla del televisor parpadeaba indicando que eran las 14:00.
Gemí, forzando mi tronco a erguirse. Cada músculo de mi ser protestó. Mis brazos dolían con una memoria muscular fantasma. Era la resaca de la adrenal