LEAH HAMPTON
Pasé la noche del lunes caminando de un lado a otro en la sala, ensayando defensas, argumentos legales y disculpas que realmente no sentía.
Martes, 07:55.
El pasillo de administración en el último piso era opresivo. La alfombra era demasiado gruesa y ahogaba mis pasos. El silencio era extraño, sin pitidos, sin gritos y sin camillas. Solo el zumbido del aire acondicionado central y el olor a dinero y cera para muebles.
No llevaba puesto el pijama quirúrgico. Vestía mis pantalones de