Todos los invitados se levantaron abruptamente de sus asientos, como impulsados por una fuerza invisible.
Un silencio tenso se apoderó del salón.
Todos giraron sus rostros al unísono hacia la escena que se desarrollaba en medio de la pista de baile, justo frente al altar de flores y promesas.
Iker, con la mirada vidriosa, el rostro desencajado y la ropa desaliñada, avanzaba tambaleándose como un fantasma del pasado.
Bruno apretó los puños con tanta fuerza que sus nudillos palidecieron. Su mandíb