Iker llevó a Asha hasta su auto.
Intentó colocarla en el asiento trasero, pero Asha luchó con torpeza, sus movimientos eran descoordinados, pero la intención era clara: quería escapar de él.
—¿Iker? ¡No… no! —murmuró, jadeando—. No te quiero cerca…
Logró empujarlo y corrió, pero apenas dio unos pasos. Él la alcanzó y la arrinconó contra la pared del estacionamiento.
La sostuvo por los hombros y, sin darle espacio, la besó. Un beso desesperado, sin alma, cargado de culpa y obsesión.
Pero esta v