POV Sebastián
Mis manos tiemblan, mis labios también. El pecho se me contrae con una fuerza que no sabía que existía. Y las lágrimas… Dios, las lágrimas ya no caen: rebotan contra mi rostro como si quisieran hacerme sangrar.
Mi hija… no es mi hija.
La niña que críe, que me dijo “papá” por primera vez, que se aferró a mis piernas con esos deditos tan pequeños, que me abrazaba cuando tenía miedo a la oscuridad… no lleva mi sangre. No es mía.
Me siento vacío. No. Me siento peor que vacío. Me siento