El amanecer apenas comenzaba a dibujarse sobre la ciudad cuando los primeros rayos de sol se colaron por la ventana.
La luz, cálida y suave, se deslizó sobre la habitación como una caricia tímida, iluminando poco a poco el rostro de Asha.
Abrió los ojos lentamente, aún desorientada por la fiebre que la había consumido la noche anterior. Parpadeó varias veces, tratando de reconocer el entorno… y entonces lo vio.
Bruno.
Estaba dormido en la silla junto a su cama, con la cabeza inclinada hacia un l