Aquel beso, inesperado y urgente, se convirtió en fuego al contacto de sus labios.
Era salvaje, tembloroso… lleno de una pasión fuera de lugar. Por un segundo, Thomas se congeló, pero de inmediato la razón lo sacudió con fuerza.
Con las manos firmes, la apartó con delicadeza, respirando agitado.
—¡No! —murmuró, casi en un susurro ahogado.
El corazón le golpeaba el pecho con violencia. Su mirada bajó, encontró sus labios entreabiertos, su expresión soñadora… y entonces, lo entendió todo.
Sus ojos