A la mañana siguiente.
Federico Durance y Rodrigo Zander se presentaron en la casa de los agresores.
Apenas los padres de los agresores vieron el video, la sangre se les heló en las venas.
Ninguna cantidad de poder, riqueza ni apellido ilustre podía borrar lo que acababan de presenciar. El silencio en la sala era denso como el plomo.
Solo se escuchaba la respiración agitada de los padres y el rechinar de dientes de Rodrigo al ver lo que hicieron a su hija.
El primero en hablar fue el padre del m