Mientras tanto, en la pista…
Dianella bailaba todavía con sus primos, aunque su cuerpo ya empezaba a sentir el cansancio de tantas canciones seguidas.
Se detuvo un momento, cuando uno de los meseros se acercó con una bebida en mano.
—Cortesía del caballero de la barra —dijo el joven, señalando a uno de los amigos de Elen.
Dianella, confiada, tomó el vaso.
—Gracias —respondió sin pensarlo, y bebió.
Era un cóctel dulce, engañoso. Con un sabor afrutado que disimulaba el peligro.
Nada parecía fuera