Melissa y Rodrigo cruzaron los pasillos del hospital con el corazón en un puño.
El ambiente estéril, el murmullo de las máquinas, todo les parecía más frío ese día. Al doblar la esquina, vieron a su hija. Estaba de pie, con la mirada firme, pero los ojos cargados de decisiones difíciles.
Melissa corrió a ella sin pensarlo y la envolvió en un abrazo largo, apretado, lleno de temor y orgullo al mismo tiempo.
—Hija… —susurró con la voz entrecortada—. ¿Qué vas a hacer?
Dianella tragó saliva. La resp