Melissa bajó del auto con una serenidad que desmentía la tormenta que acababa de desatarse frente a ella.
Su vestido blanco ondeaba ligeramente con la brisa matutina, dándole un aire etéreo, casi irreal. Era hermosa. No solo por el vestido, por el tocado o el maquillaje delicado, sino por la convicción que se dibujaba en cada paso firme, en la dignidad que envolvía su porte, en la luz que brillaba en sus ojos decididos.
Por un instante quiso sentir miedo de ese hombre, sentir la nostalgia o la m