El amanecer llegó con una dulzura inusual.
Los primeros rayos del sol se colaban con suavidad a través de las cortinas de lino claro del cuarto de Melissa, como si incluso la luz supiera que ese no era un día cualquiera. Era un día marcado por el destino. Un día donde el pasado quedaba atrás y el futuro, al fin, se abría con esperanza.
La habitación estaba en calma. Solo el leve murmullo del viento y el trino lejano de los pájaros llenaban el aire. Melissa, envuelta en sábanas suaves, abrió len