—¿Quieren verla?
Federico las miró con suavidad, sabía que la pregunta era difícil, pero era necesaria. Melissa bajó la cabeza con firmeza. No lo dudó ni un segundo.
—No quiero volver a verla nunca, Federico. No después de lo que hizo.
Sus palabras fueron tajantes. No había odio en su tono, pero sí una herida abierta, una herida que sangraba en lo profundo de su alma.
Ellyn, en cambio, suspiró.
—Yo sí... pero no hoy. No puedo enfrentarla todavía. Primero, necesito respirar lejos de su sombra.
Fe