Al día siguiente.
Melissa volvió a casa. El viaje de regreso fue silencioso, como si las palabras se hubieran quedado atoradas en su pecho desde el hospital.
Apenas cruzó el umbral, sus pasos la guiaron instintivamente hasta la habitación de su hermana. La buscaba. Necesitaba verla. Necesitaba ese refugio.
Ellyn abrió la puerta justo cuando Melissa iba a tocar. No dijeron nada. No hizo falta.
Apenas se miraron, Ellyn extendió los brazos con un temblor en la voz.
—¡Melissa!
La abrazó con fuerza,