Ella lo miró.
Y él también la observó.
No dijeron nada al principio.
Solo sus miradas hablaron durante esos eternos segundos. Fue un instante suspendido en el tiempo, donde las palabras aún no tenían lugar, pero los sentimientos —todos— se sentían a flor de piel.
Sebastián fue el primero en romper ese silencio.
—Yo… voy a firmar el divorcio.
La voz le salió baja, áspera. Casi como si le costara formar las sílabas.
Melissa asintió con un movimiento leve, casi mecánico.
Su rostro estaba sereno, pe