Al día siguiente.
Melissa despertó cuando el teléfono comenzó a vibrar sobre la mesita. No tenía ganas de hablar con nadie, pero al ver el nombre en pantalla —el abogado—, su corazón dio un vuelco.
Contestó con la voz entrecortada por el sueño y una ansiedad que no sabía bien de dónde venía.
—¿Sí?
La voz del abogado fue directa, como siempre, pero esa mañana traía algo más... una carga que presagiaba noticias importantes.
—Melissa, el señor Ocampo aceptó firmar el divorcio.
Por un instante, el t