La camioneta aceleró con furia, alejándose en medio del caos y dejando tras de sí el eco de los disparos que aún resonaban en el pecho de Ellyn.
Federico se quedó mirando cómo se perdía el vehículo en la distancia, con los ojos inyectados de rabia y el corazón latiendo a un ritmo descontrolado.
Aun temblando, se volvió hacia los hombros y luego, con una ternura desesperada, acunó su rostro entre sus manos, como si necesitara tocarla para convencerse de que estaba viva.
La recorrió con la mirada