Melissa decidió llevar a Asha al hospital.
El miedo se le agolpaba en el pecho, pero no dejó que su rostro lo revelara.
Sebastián fue a su lado, serio, atento, como si algo más que la preocupación por la niña lo obligara a mantenerse cerca.
Durante todo el trayecto, Asha dormía en sus brazos con un suspiro leve, pero constante.
Una vez de regreso en la mansión, Melissa llevó a la pequeña directamente a su alcoba. La recostó con ternura sobre la cama, arropándola con sumo cuidado, como si el más