No había espacio para dudas, ambos sabían lo que querían.
Por eso, inmediatamente Bastián sacó su mano del delicioso punto con el que jugaba y con determinación, volvió a tomar a Carmen por la cintura, mientras que, por su parte, ella sostuvo el mástil con una mano y con la otra, se sostuvo del hombro de Bastián.
Ambos se miraron a los ojos una vez más, exhalando profundamente, estaban listos.
Bastián levantó a Carmen lo suficiente, acercándola más a su cuerpo y ella acomodó el mástil en la