DAKOTA
Me desperté de súbito, codeé la costilla de Nicholas para que se levantara.
—Es tu turno—lo moví con fuerza.
—Hum… ya voy—se arrastró por la cama como un zombi.
Aurora lloraba desconsolada, sí, es tan dramática como su madre. Pero su madre ahora tiene el cerebro hecho papilla.
Nicholas acunó a nuestra pequeña y la meció.
—Ya, ya mi amor, aquí estoy —Oh dios, no se da cuenta que con cada vez que dice eso, siento un calor tan intenso que quiero llorar—¿Qué pasa, mi bebé hermosa? ¿extrañast