NICHOLAS, UN PAR DE DÍAS ATRÁS.
—Ya me están doliendo los nudillos por golpear a este bastardo—se quejó Dao.
—Esto es aburrido—el otro tipo chascó la lengua bajando las cartas frente a él—, el jefe se fue, ¿por qué seguir aquí? —arrojó las cartas a la mesa.
—Vete si quieres, yo me quedo hasta que mis nudillos se destruyan.
El otro tipo tomó de su chaqueta una cigarrera.
—Nos vemos en la noche, te relevaré—luego salió de la habitación.
Esperamos a que se escuchara salir de la casa.
—Jefe, es hor