HOLLY
El anillo en mi dedo era pesado, estaba segura de que si alguien se propasaba conmigo podría tumbarle uno o dos dientes.
Quería dejar de verlo, pero era casi imposible. No, más bien era un sueño hecho realidad, tanto que no podía creerlo.
Estábamos de camino a casa, los niños, entretenidos, rellenos y adormilados, el recorrido del auto los estaba arrullando.
Adam me tenía abrazada, me recosté en su pecho, su colonia y su respiración era tranquilizador.
—Dejaremos a los niños con tu herman