Juan
Pasaron unas horas en ese lugar hasta que el jolgorio enmudeció cuando una mano se posó en el hombro de Juan.
—¿Así que te gastaste el dinero en cerveza? —dijo una señora, con tono de látigo.
—No, no… yo… estaba comprando tomates. - Juan se asustó al reconocer que era la mujer del roedor.
—¡Tomates! Lo que vas a comprar es disciplina. Llévame a donde está Viviana, o... - Ella le hizo una seña de cortarle el cuello.
—Desde luego, aunque la verdad es que no tengo para pagar la cuenta; deme u