El lunes amaneció con una calma que resultaba más inquietante que cualquier tormenta. Valeria se encontraba en el salón principal del Palacio de la Zarzuela, observando cómo los agentes del CNI recorrían cada centímetro del recinto con detectores de metales y equipos de rayos X portátiles. La amenaza de Franco había llegado apenas dos horas después del amanecer, fría y directa: explosivos plantados en el palacio, listos para detonar durante la gala.
—Quizás es un bluff —murmuró Valeria, mantenie