El jueves amaneció con una luz grisácea que se colaba entre las cortinas del apartamento de Valeria, donde el silencio de la mañana se veía interrumpido únicamente por el sonido constante de las notificaciones del teléfono de Enzo. Habían pasado menos de doce horas desde el encuentro en el almacén, pero la realidad de lo que habían presenciado seguía resonando en cada rincón de la habitación como un eco perturbador.
Valeria observó desde la cocina cómo Enzo revisaba metódicamente cada mensaje, s