El sábado amaneció con esa claridad brutal que solo traían los días destinados a cambiar el curso de las cosas. Daniela había citado a Valeria en su oficina a las nueve de la mañana, una hora que en circunstancias normales habría provocado protestas airadas, pero que ahora se recibía con la resignación de quien sabe que cada minuto cuenta.
La detective tenía extendidos sobre su escritorio varios expedientes y fotografías que formaban un mosaico inquietante de rostros familiares. Valeria se acerc