La pantalla del teléfono de Isabella parpadeó una vez antes de llenarse con la imagen granulada de un video. El silencio en la habitación se volvió denso, casi tangible, como si el aire mismo se hubiera solidificado alrededor de los tres cuerpos que permanecían inmóviles frente al dispositivo.
Valeria sintió que sus rodillas amenazaban con ceder cuando la imagen cobró nitidez.
Isabella.
Su rostro ocupaba el centro del encuadre, pálido bajo una luz artificial que acentuaba cada sombra, cada marca