La luz del taller había perdido su calidez familiar. Valeria observaba la pantalla de su laptop con una mezcla de fascinación y repulsión mientras el video de Bianca se reproducía por tercera vez. La mujer en la grabación lloraba con una perfección que habría impresionado a cualquier director de cine: lágrimas que se deslizaban por sus mejillas en el momento exacto, voz quebrándose en los lugares precisos, manos temblando con la cantidad justa de vulnerabilidad.
"Valeria Hidalgo me robó mi traba