El silencio en la sala de estar era del tipo que precede a terremotos, denso y vibrante con tensión apenas contenida. Valeria sostenía su teléfono con manos que ya no temblaban—había pasado el punto del miedo hacia algo más frío, más calculado. Las palabras en la pantalla brillaban con la promesa de respuestas que había buscado toda su vida adulta, mezcladas con amenazas que no necesitaban ser explícitas para ser entendidas.
Los ojos de todos en la habitación estaban fijos en ella. Enzo con su m