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El amanecer llegó demasiado rápido, arrastrando consigo la inevitabilidad de decisiones que no podían deshacerse. Valeria había pasado la noche en una habitación estéril del hotel seguro del CNI—cuatro paredes blancas, una cama funcional, y una ventana que daba a un estacionamiento vacío que se parecía peligrosamente a su estado mental. No había dormido. Ni siquiera lo había intentado. En lugar de eso, había pasado las horas oscuras revisando cada momento de su vida adulta, buscando las grietas