La llamada llegó cuando Valeria apenas había cerrado los ojos en el asiento trasero del coche blindado que los transportaba de regreso a Madrid. El zumbido del teléfono la arrancó de ese estado liminal entre la vigilia y el sueño donde su mente reproducía en bucle las últimas horas: la sangre, los disparos, la voz de Vincenzo revelando verdades que habían reescrito su comprensión de todo.
El nombre en la pantalla la hizo incorporarse de inmediato, ignorando el dolor punzante que atravesó su homb