La pantalla del teléfono se oscureció en el preciso instante en que Lorenzo se desplomó en el video. Valeria sintió cómo el mundo se inclinaba bajo sus pies, un vértigo que no tenía nada que ver con el movimiento del convoy blindado que aceleraba por las calles de Málaga. El grito que escapó de su garganta fue primitivo, desgarrado, el sonido de algo rompiéndose irreparablemente en su interior.
—¡Lorenzo!
Enzo la sujetó antes de que pudiera lanzarse hacia la puerta del vehículo, sus brazos cerrá