El jet privado tocó tierra en el Aeropuerto de Málaga-Costa del Sol con una suavidad que contrastaba brutalmente con la tormenta de adrenalina que rugía en las venas de Valeria. Ni siquiera esperó a que la aeronave se detuviera completamente antes de desabrocharse el cinturón de seguridad, sus manos moviéndose con una urgencia que traicionaba el terror que había estado conteniendo durante las dos horas y catorce minutos que había durado el vuelo desde Madrid.
Enzo estaba junto a ella antes de qu