La alarma perforó el silencio de la madrugada con un chillido agudo que parecía diseñado para arrancar el corazón del pecho. Valeria despertó con un sobresalto violento, su cuerpo aún débil por la transfusión de sangre reaccionando con torpeza mientras intentaba orientarse. Por un momento no supo dónde estaba. Luego reconoció las cortinas de terciopelo azul de la suite del Palacio de la Zarzuela, y el pánico se instaló en su garganta como un puño de hierro.
La puerta de la habitación se abrió de