La luz del domingo se filtraba débilmente a través de las persianas de la unidad de cuidados intensivos, creando franjas pálidas sobre el rostro inmóvil de Enzo. Valeria había perdido la cuenta de cuántas horas llevaba sentada junto a su cama, observando el ascenso y descenso mecánico de su pecho mientras las máquinas respiraban por él. El vendaje que cubría su cabeza era un recordatorio brutal de la explosión, de cómo todo había cambiado en cuestión de segundos.
Dieciocho horas. En dieciocho ho