La luz del camarín se reflejaba en el espejo con una intensidad que parecía diseñada para revelar cada imperfección, cada sombra de duda que Valeria intentaba ocultar bajo capas de maquillaje profesional. Eran las seis de la tarde del lunes, y el vestido rojo que había diseñado específicamente para este momento descansaba sobre el maniquí junto a ella como una promesa de gloria que se sentía obscenamente fuera de lugar.
Sus manos temblaban mientras intentaba cerrar el broche de la pulsera de dia