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El estruendo de la explosión desgarró la noche del Mediterráneo como si el mismo mar hubiera decidido tragarse el Artemis. Valeria despertó con el cuerpo lanzado contra la pared del camarote, el impacto robándole el aire de los pulmones mientras el barco se escoraba violentamente hacia estribor. Quince grados. Tal vez más. El ángulo era suficiente para que todo lo que no estaba asegurado comenzara a deslizarse, estrellándose contra las superficies con estruendos que se mezclaban con el sonido de