El sobre seguía sobre la mesa del comedor cuando Valeria bajó las escaleras, sus bordes blancos contrastando obscenamente contra la madera oscura. Vincenzo había dejado su número garabateado en el reverso con esa letra elegante que convertía incluso las amenazas en algo refinado. Llámame cuando decidas. Tienes hasta el viernes.
Viernes. Dos días.
Enzo estaba en la cocina preparando café, su ritual matutino desarrollándose con esa precisión mecánica que había perfeccionado durante años de madruga