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La luz del lunes se filtraba suavemente a través de las cortinas de lino del dormitorio principal, creando patrones dorados sobre las sábanas blancas donde Valeria había pasado otra noche de sueño intermitente. Veinticuatro semanas. El número resonaba en su mente con una mezcla de esperanza y ansiedad que se había vuelto su compañera constante. Solo una semana más. Una semana hasta que los gemelos alcanzaran la viabilidad, ese umbral mágico que los médicos habían marcado en rojo en su calendario