La viabilidad llegó como un susurro de esperanza en medio de la tormenta. Veinticinco semanas. El número resonaba en la mente de Valeria con una mezcla de alivio y terror mientras observaba la luz matutina filtrarse a través de las cortinas del dormitorio principal. Por primera vez en meses, el peso en su vientre se sentía diferente. No solo como una carga que debía proteger, sino como una promesa que finalmente tenía posibilidades reales de cumplirse.
Mateo se movió con fuerza contra sus costil