La llamada llegó a las dos de la madrugada, cortando el silencio de la residencia como una cuchilla. Valeria despertó con un dolor punzante en el costado derecho, tan intenso que le arrancó un grito ahogado. Enzo se incorporó inmediatamente, sus manos buscando el interruptor de la lámpara mientras ella se doblaba sobre sí misma.
—¿Qué pasa? ¿Son contracciones? —Su voz tenía esa calidad tensa que había desarrollado cada vez que algo relacionado con el embarazo salía de lo normal.
—No es como ante