La conversación que Valeria había estado evitando finalmente llegó el martes por la mañana, cuando las náuseas la mantuvieron en cama hasta pasadas las diez. Gabriel había subido con una bandeja de té de jengibre y tostadas, su rostro marcado por esa tensión que había notado desde hacía días pero que había atribuido al estrés general de la situación.
—Gabriel. —Su voz cortó el aire cuando él se dirigía hacia la puerta—. Necesitamos hablar.
Él se detuvo con la mano en el picaporte, sus hombros te