La luz del lunes se filtraba débilmente a través de las cortinas del dormitorio principal, creando sombras suaves sobre las sábanas blancas donde Valeria había pasado la última semana. Veintiuna semanas. El número resonaba en su mente con una mezcla de esperanza y terror. Cada día que lograba mantener a los gemelos en su interior era una pequeña victoria, pero el peso de la incertidumbre se volvía más asfixiante con cada amanecer.
La pantalla del portátil descansaba sobre sus muslos, mostrando e